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6 de noviembre de 2015

[CRÍTICA] Truth: lo que esconde la veracidad periodística


El director James Vanderbilt se estrena en la realización después de trabajar durante años como guionista para célebres películas como Zodiac (2007) o The amazing Spider-man (2012). Su salto a la dirección resulta un tanto tardío por varias razones: trata un tema genérico que hace décadas se comenzó a retratar en el cine, se basa en hechos reales que sucedieron hace diez años y, en definitiva, se ha hecho esperar para dar el paso a la dirección cinematográfica.


La verdad se basa en el libro de la Mary Mapes en donde se describen los sucesos reales que vivió la periodista cuando realizó un reportaje para el programa de televisión 60 minutos de la CBS, en donde se pretendía demostrar que el presidente George W. Bush evitó participar en la guerra de Vietnam. De esta manera, Mary, junto a su equipo, realizó uno de los reportajes más polémicos de la televisión, ya que su emisión generó polémicas en torno a la veracidad de los documentos en los que se basaba el reportaje. Así, en definitiva, la película pone en duda la integridad de los medios de comunicación, temática abordada en multitud de ocasiones, convirtiéndose en célebres títulos cinematográficos como El gran carnaval de Billy Wilder (1951), Network un mundo implacable de Sidney Lumet (1976) o películas más actuales como Buenas noches, buena suerte de George Clooney (2005) o la reciente Nightcrawler (2014). 


Además de tratar una temática explotada de una manera conservadora, el desarrollo del film decae durante su segunda parte: tras un inicio con ritmo e interés, la segunda parte se centra en obstáculos y límites que debe afrontar la protagonista, desbordando en un esquema un poco repetitivo. La detallada información que cuenta está aderezada con una banda sonora especialmente emocional en momentos contados, siendo evidente una gran diferencia entre los momentos más serios y las escenas en donde pretenden conseguir mayor sensibilidad, confundiendo un poco el tono de la película. 


A pesar de ello, la película consigue ser entretenida y está bien estructurada, el espectador no se pierde ante la multitud de sucesos que provoca el famoso reportaje que suscitó el escándalo “Rathergate”. Pero sobre todo la película tiene valor por su reparto. Cate Blanchett tiene la habilidad de convertir cualquier película en un gran ejercicio de interpretación y, a pesar de que su compañero veterano no tiene tanto protagonismo como ella, Robert Redford se convierte en su mentor perfecto, creando una pareja interpretativa con una buena complicidad.

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