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4 de febrero de 2016

[CRÍTICA] Spotlight: así se hace periodismo



Spotlight es una de las películas favoritas para hacerse con el máximo galardón en la próxima edición de los Oscars. La película de Thomas McCarthy afronta con dignidad y firmeza una triste y repelente historia real.


Sí una de sus máximos rivales, La gran apuesta, nos cuenta por qué todo nuestro sistema capitalista es corrupto, podrido y nos lleva a sabiendas a la miseria, Spotlight se atreve, como lo hace de forma muy diferente El club de Pablo Larraín a afrontar la generalizada pederastia en la iglesia católica. En una época donde el periodismo está en crisis mortal, donde en los más grandes medios de comunicación las noticias propias no llegan ni al 10%, la investigación se hace a través de Google y las noticias de todo el mundo proceden de dos o tres agendas que proporcionan el mismo material a todo el mundo conviene recordar lo que era el ya casi extinto periodismo de investigación. El equipo Spotlight, del Boston Globe,  es el que tenía esta labor, la de estudiar, investigar y escarbar sin prisas para descubrir los asuntos más delicados de la sociedad mientras el resto de la redacción vive bajo la rutina de llenar las páginas diariamente.


Interpretan a sus cuatro miembros Michael Keaton a la cabeza, Mark Ruffalo, Rachel McAdams y Brian d'Arcy James. Spotlight ganó el Premio Pulitzer por destapar más de ochenta casos de pederastia eclesiástica solo en la ciudad de Boston en el año 2002. La información no solo señalaba a la multitud de curas abusadores de niños sino el sistema diseñado por la iglesia para tapar mundialmente el problema a modo de mafia organizada, el sistema global de abusos y la manera de evitar que llegue a los tribunales. Esta pequeña investigación que acabó destapando el modus operandi de la mayor red de pederastia del mundo, a la que sigue sin hacérsele justicia en los tribunales, juzgándola como pequeños casos aislados que prescriben antes de que los acusados hablen, siempre al cabo de décadas, tuvo un increíble mérito profesional.


Para contar la historia, McCarthy se apoya en un sobrio guión, una narración constante y un reparto que brilla en su conjunto, como equipo. La película interesa por lo que descubren sus protagonistas y mantiene la atención por su manera de contarlo. Sin embargo, volvemos a encontrarnos con un buen trabajo con pocas particularidades, atado a una historia real tan poderosa que es más potente que la propia película. De forma similar a La gran apuesta (algo más particular por su tono cómico) Spotlight es un digno trabajo de todas sus partes que, en conjunto forma una película más que decente que gustará a la mayoría pero apasionará a muy pocos. Si La gran apuesta acabará como proyección en las clases de economía, el destino de Spotlight es acabar en las de periodismo pero ninguna tendrá hueco en las de cine.


Por Rafael S. Casademeont
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